viernes, 15 de enero de 2016

Reportaje sobre Augusto Roa Bastos

Augusto Roa Bastos
13 de junio de 1917 al 26 de abril del 2005. Asunción - Paraguay.

"Un texto -me dije pensando en los grandes ejemplos de esta práctica transgresiva- no cristaliza de una vez para siempre ni vegeta con el sueño de las plantas. Un texto, si es vivo, vive y se modifica. Lo varía y reinventa el lector en cada lectura. Si hay creación, esta es su ética" - Augusto Roa Bastos.

Considerado el escritor más importante del país y uno de los autores más destacados de la literatura latinoamericana, Augusto José Antonio Roa Bastos, deja un legado sumamente importante para la cultura paraguaya. Ganador del Premio Cervantes en 1989 por su alto contenido literario y con obras traducidas a no menos de veinticinco idiomas alrededor del globo, se convierte en una leyenda viviente y aclamada por América.



Nacido en Asunción, se crió y creció en Iturbe, distrito ubicado al sur del departamento de Guairá. Esta ciudad es la segunda más poblada después de Villarrica, ubicada a orillas del río Tebicuary-mí, el cual inspiró gran parte de sus obras literarias.

En su vida se forjó como literario, novelista, cuentista, guionista cinematográfico, ensayista, poeta, además de dramaturgo y periodista. desde muy pequeño manifestó su profundo espíritu artístico motivado por sus padres y abocado a la lectura, aparte de introducirse al mundo de la escritura prematuramente. Con tan solo 13 años realizó su primera obra literaria, una pieza teatral que escribió de la mano de su madre.

Sus obras más destacadas y colección de cuentos, los presentamos en el siguiente listado, a continuación:


Las obras que tuvieron mayor repercusión a nivel mundial, son las que produjo en el exilio, en 1947, en Argentina y luego Francia. Tales fueron Hijo de Hombre y Yo, El Supremo, novelas que reflejaban la dolorosa realidad de un pueblo bajo el mando del gran dictador Gaspar Rodríguez de Francia, siendo la segunda obra visión de Roa acerca de la vida misma del tirano absolutista.
Esto provocó un salto internacional para Roa Bastos, a causa de la crítica literaria que empezó a recibir sobre el conjunto de su obra. Al escribir, en 1974, "Yo, El Supremo", siendo su segunda novela, no pensó que sería hasta la fecha la más traducida de todas las obras literarias paraguayas en las últimas décadas. Con esta novela se llevó el Premio de Letras del Memorial de América Latina, en Brasil, 1988. La Condecoración de la Orden Nacional del Mérito en Paraguay, en 1990. Un año antes, se lleva el más importante de los galardones hasta la fecha, el Premio Cervantes, en España, año 1989.


Opinión de Víctor Jacinto Flecha - "El Premio Cervantes a Augusto Roa Bastos"

Imagen de Portal Guaraní
"La concesión del Premio Cervantes, el más importante galardón de las letras castellanas, a Augusto Roa Bastos fue el primer reconocimiento de carácter trascendente a la literatura paraguaya, por lo que se constituyó en un verdadero hito de nuestro proceso cultural.
El 23 de abril de 1990 le fue entregado el Premio Cervantes, correspondiente al año 1989, a Augusto Roa Bastos, en el Paraninfo de la Universidad Alcalá de Henares, por SM el Rey de España, coronando así una obra, iniciada en la década del 40, con la novela Fulgencio Miranda, Mención del Concurso de Novela del Ateneo Paraguayo, 1942, hasta la última, Madama Sui, que ganara el Premio Nacional de Literatura.
El Premio Cervantes es como el Premio Nobel de las letras hispánicas. Fue instituido en 1974 con el propósito de honrar una obra literaria completa. Los candidatos son presentados por el pleno de la Real Academia Española y por las Academias de los países hispanos y los premiados en años anteriores. El jurado se halla presidido por el Ministro de Cultura y Educación de España y desde 1980, en evitación de coincidencias, esta dignidad sólo puede concederse a uno de los candidatos. La ceremonia de entrega del galardón se celebra el 23 de abril de cada año.
La concesión de este premio a Roa Bastos para nuestro país fue un hito, verdadero peldaño que abrió las puertas al conocimiento del Paraguay, de su literatura, de su compleja situación de la construcción de su democracia que aún continúa. Su obra ya había recorrido gran parte del mundo, había sido traducida a más de veinte idiomas, pero el Premio Cervantes reforzó esa trascendencia y le dio visibilidad al Paraguay".

Fragmento de prólogo de Antonio Carmona, periodista.
Imagen de Última Hora
En las líneas del prefacio al libro de Roa, Hijo de Hombre, Antonio Carmona alude la particularidad de Augusto de llenar de tachaduras sus escritos, una costumbre muy arraigada en él desde siempre. Comenta en esas líneas que "como periodista me tocó en suerte, y en penitencia, copiar y editar los artículos que Augusto escribía y me enviaba tratando de eludir el cerco que la dictadura le había impuesto para mantenerlo lejos; escribía con la obsesión del personaje-manuscrito, se ejercitaba en escribir y reescribir los textos como un tormento para resistir hasta el fin y derrotar a sus carceleros".
Comenta en este mismo material que los originales de Roa siempre estaban caracterizados por las tachaduras, incluso en sus cartas, como si fuese una marca personal, dejando a al interpretación del lector, plantando en parte la duda.

La principal herramienta literaria del escritor, de Roa Bastos, era el palimpsesto. 
Dícese del “manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe”.
Y es así como Roa, realizaba el cien por ciento de sus trabajos, escribiendo y reescribiendo sobre las líneas ya hechas, corrigiendo y armando la estructura de lo que finalmente se convierte en oración para dar lugar al párrafo. Como menciona Carmona, en su prólogo, he ahí el verdadero secreto de los escritos, el lector solo ve la obra terminada, sin imaginar cuántas veces ha sido rehecha o deshecha para dar lugar a la idea final. En eso consiste la magia.

Valoración personal del aporte de Roa Bastos
Las obras maestras compuestas por Augusto, no bien conocido por su nombre completo como mencionábamos al principio del reportaje, Augusto José Antonio Roa Bastos, son joyas de la literatura nacional, habiendo ya sido traducidas en decenas de idiomas y deleitadas por millones de ojos a lo largo y ancho del mundo.

Representan para toda la raza guaraní un emblema, al igual que muchas otras obras de la literatura paraguaya, pero particularmente las de él por su allegado encuentro a la realidad que siempre nos acechó y aquejó.

Roa Bastos, significa el rostro de la pluralidad paraguaya, vista desde todas sus caras, o por lo menos, desde la mayoría de ellas. En sus escritos utiliza el arma más potente que tiene a su favor: la vivencia en carne propia de muchos de los hechos que expone a lo largo de su literatura.

Este hombre nació en 1917, cuando la patria iba logrando, de alguna forma, recuperarse de su hecatombe de la guerra de la Triple Alianza. Conoció en su niñez la última guerra civil caudillesca, iniciada en 1922, también el primer gobierno democrático de este siglo, el de Eligio Ayala. La Guerra del Chaco al vivió muy de cerca e inclusive participó en ella, siendo todavía un adolescente. Luego, experimentó la conmoción social y política de la post-guerra, experiencia que resultó como un amplificador de su manera de pensar sobre la vida. Entre la tiranía y la libertad, eligió la libertad pero no desde la perspectiva individual sino con un hondo contenido humano y social.

Bien sabemos que fue perseguido por varios sectores, en 1946, teniendo que optar por el exilio para salvar su vida. La guerra civil de 1947 marcó su existencia y dejó así las fronteras por décadas. Solo pudo recuperar su país y volver a él en su ancianidad, cuando los valores democráticos por los que tanto luchó se estaban haciendo difícil realidad en el Paraguay. Fue complicado percatarse de que nada volvería a ser como en las épocas doradas.


Por este y muchos otros motivos, la obra de Roa puede simbolizar esa eterna lucha del paraguayo por su libertad de manos opresoras, esa incesante batalla del día a día por seguir sobreviviendo a pesar de las desventuras.

"Un libro no existe hasta que alguien lo lee. Es entonces que comienza la aventura de los sentidos, de la imaginación. El lector hace que la palabra sea real.
El lector consigue la magia de desdoblar esas páginas lisas, todo está pulcro, listo para ser convertido en ese otro texto que elabora cada quien y que nunca es el mismo para todos"
Firma de Augusto Roa Bastos




Reportaje de Interés Humano. Por David Chamorro.

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